jueves, 6 de junio de 2013

Monólogos sobre el desamor y testículos de perro.


El monólogo de arriba (pinchando sobre la imagen accedéis a él) lo escribimos Paco Anaya y yo hace poco más de un año para la primera obra de teatro que yo dirigía, '¿A quién te llevarías a una isla desierta?'. La idea era que el personaje de Marta (maravillosamente interpretado por María Hervás) explicara directamente al público porqué nunca había querido hacerle daño a nadie .... y porqué nada duele tanto en el mundo como que te rompan el corazón.

Curiosamente, este monólogo acabó convirtiéndose en uno de los momentos estrella de la obra. Durante los siete meses que ha estado representándose en Madrid '¿A quién te llevarías a una isla desierta?', mi equipo y yo hemos visto a gente llorando durante el momento en que la gran Hervás se plantaba en el escenario y desnudaba su alma, su corazón, sus entrañas y sus sentimientos. Quizás sea porque todos reconocemos ese terrorífico momento en que una persona nos decepciona y, como dice el personaje de Marta, 'nos deja una herida que no se cura en el hospital ni con agujas que vuelven a unir la carne'.

Esta mañana me ha venido a la mente el monólogo mientras esperaba en el veterinario para recoger a mi perro Pumba. El pobre ha salido de esta guisa de la clínica:


Ayer decidí tomar una decisión 'drástica' y renunciar a ser 'abuelo'. Pero es que Pumba se había vuelto ya insoportable porque, como bien me dijo mi técnica de luces Chon López, 'cinco años sin follar volverían locos a cualquiera, Jota'. Así que mi hijo perruno tuvo que despedirse de sus pelotas, de su capacidad de procrear y de enamorarse ... todo ello a cambio, según su veterinario, de una vida apacible, sin sobresaltos y sin angustias. En definitiva, a Pumba nunca le romperán el corazón como le hicieron al personaje de Marta en nuestra obra de teatro.

No os voy a mentir pero, a pesar de la parafernalia que lleva Pumba ahora mismo encima (parece el Lady Gaga del mundo perruno), le tengo una cierta envidia. 

1 comentario:

  1. Ese momento de tu obra era mágico.
    Amor o vida apacible, sin sobresaltos y sin angustias... yo tampoco sé qué elegir.

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