martes, 25 de junio de 2013

Pudor.

Pudor (del latín pudor, -oris): Honestidad, modestia, recato.

Mi abuela tardó muchísimo tiempo en decidirse a poner teléfono fijo en casa. El día que lo hizo lo recuerdo como una gran novedad, el ir corriendo a casa de mis amigos para pedirles sus números y apuntarlos en una agenda hortera que mi madre dejó junto al aparato, intentar aprenderme los prefijos de mis conocidos que vivían fuera del pueblo y de Cádiz (que para un niño de 10 años eran más bien escasos), o hasta ocultarme alguna que otra noche para llamar a una línea erótica o al telecupón de Carmen Sevilla para poder jugar con Hugo. Pero pronto se me pasó el efecto novedad y todo volvió a ser como antes, era mejor plantarse en casa de los amigos para que salieran a jugar. Los códigos eran siempre los mismos: la puerta de la calle estaba abierta, la del vestíbulo cerrada (pero sin llave ni pestillo ni nada de eso) y había que llamar para avisar de la presencia de uno, abrir la puerta y soltar un '¿está Adri'? '¿está Fran?' '¿está Javi?' '¿está Nelly?' o el nombre de a quien le tocara ir ese día a la plaza a comer pipas. Eso sí, jamás se podía hacer eso en verano, después de comer, cuando Algodonales se convertía en un pueblo fantasma y las puertas de las casas se cerraban para dormir las siestas obligatorias ... esos días no podíamos llamarnos hasta mínimo las siete de la tarde. Leyes no escritas que todos sabíamos y respetábamos. Aquello era nuestro propio muro de facebook ... y funcionaba mucho mejor que el caralibro. Esperábamos a vernos para contarnos las cosas ... había expectación, había curiosidad y había tiempo entre una anécdota y otra. 

Las cosas cambian y mi primer teléfono móvil me lo compró mi madre el día antes de mudarme a Málaga para estudiar periodismo. Era septiembre, yo hacía dos meses que había cumplido 18 años y mi partida era inminente (aunque nunca sabré si lo hizo por eso o como recompensa a la brillante idea que tuvo mi progenitora de que me operara de fimosis dos días antes de empezar la universidad, con el dolor -mucho, muchísimo- que eso implica). El cacharro era un Alcatel One Touch Easy verde, enorme, pesado pero que a mí me parecía fascinante. Y así empezaron en la facultad los mensajes de texto para quedar, los toques para que un amigo supiera que te acuerdas de él, los 'llámame que no tengo saldo' y la obligación de estar localizados siempre, a un pitido del cacharro verde. Cuando volvía de vacaciones al pueblo me di cuenta de que ya no teníamos que tocar las puertas y gritar el nombre de los amigos, ahora a todos nos bastaban unas teclas para estar en un sitio concreta a una hora exacta. 

Y llegaron las fotos a los móviles ... recuerdo que estaba currando en un cine y era costumbre que los porteros nos encontráramos teléfonos de todo tipo perdidos entre las butacas. El primero que yo vi fue un Nokia último modelo (del 2003, claro) con una cámara cutre pero que entonces era lo más de lo más. Por simple curiosidad lo trasteé hasta que encontré el álbum de imágenes para ver de quien era el telefonito de marras ... y me topé con una foto de una chica mirando al objetivo en plano cenital (todo muy compuesto, muy artístico, muy 'profesional`) mientras se relamía una señora corrida de la cara. Al final siempre acabamos dándole un uso sexual a este tipo de cacharros ... adiós intimidad, adiós .

La primera vez que me hablaron de facebook fue una amiga que volvía del erasmus en Holanda y se lo había abierto para hablar con la gente que había conocido allí. El invento me pareció curioso y me hice uno ... y dije good bye forever a cualquier resquicio de intimidad. Ya podemos saber si un contacto ha comido a mediodía lentejas o comida para mantener el tipito, donde está en cada momento, su opinión exacta de una película en el mismo momento en que la está viendo en el cine, cómo ha sido su gran noche de farra o si está comprometido, divorciado o en una relación complicada. Incluso si alguien te agrega para ligar contigo, ya sabes que cuerpo te vas a encontrar cuando le quites la camisa ... e incluso la polla que vas a mirar cuando bajes los calzoncillos (porque sí, hay contactos de mi facebook que lucen fotos con sus miembros a unos escasos centímetros de la erección). Ya no hay nada para la imaginación ... sólo nos queda para la curiosidad el olor de esa persona (aunque ya sabemos que todas las lefas huelen a lejía).

Ayer me abrí un perfil en instagram para promocionarme un poco de cara a todas las novedades que mi compañía de teatro prepara para después de verano. Obviamente todos mis amigos (o casi todos) están allí, con sus vidas expuestas a golpe de filtro y felicidad absoluta y plena en imágenes. Y de repente, a la tercera foto subida, me di cuenta de que echo terriblemente de menos el pudor, la intimidad ... y como soy tan absurdo, en vez de cerrarme todas las ventanas con las que tengo expuesta mi vida, decido escribir este post 






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